lunes, 5 de marzo de 2012

Cultura como Inversión de Vida: Situacionismo


HAY QUE VIVIR SIN RESTRICCIONES. 
LA CULTURA ES LA INVERSION DE LA VIDA. 
NUNCA TRABAJES.
EL BIEN COMERCIAL ES EL NARCÓTICO DEL PUEBLO. 
EL ARTE ESTA MUERTO, NO CONSUMAS SU CADÁVER.

 En Mayo del 68, los Situacionistas invitaban a los estudiantes y a los manifestantes a crear ambientes espontáneos a diario, “situaciones” que “reflejaran la vida apasionante” a través de miles de pintadas en las calles y los metros parisinos.

En una sociedad donde primaban (y priman) la producción, el dinero y el poder, era necesario poner en marcha una “emancipación real de los placeres”. Pero no placeres regateados y con descuentos, sino un “goce sin trabas”. En suma: era necesaria la liberación de las costumbres de la época.

El Situacionismo había llegado a su mayoría de edad como una revolución al alcance de todos.

La Internacional Situacionista constituyó entre 1957 y 1972, fecha de su autodisolución, un grupo de filósofos, arquitectos, pintores, críticos y activistas políticos que, desde diversas perspectivas y con diversas técnicas, se plantearon el papel del hombre y la cultura en la sociedad de consumo de la época.

Con Raoul Vaneigem y Guy Debord, como principales ideólogos y desde una perspectiva radicalmente crítica e inconformista cuestionaron el orden social a través de libros, octavillas, collages y películas que invitaban a subvertir un orden establecido marcadamente ineficiente e insatisfactorio.

Desde su punto de vista, la explosión creativa debía ser tan poderosa como para hacer caer las estructuras alienantes de la sociedad.

Y el arma absoluta de los Situacionistas: la GRATUIDAD.

Originalmente esto iba a ser una pequeña reflexión, sobre las luces y las sombras que, desde mi punto de vista, ofrece un hecho tan significativo como el cierre de MEGAUPLOAD, pero entre mi asombrosa capacidad para la divagación y la irresistible atracción que ejercen sobre mí los hechos históricos como fenómenos cíclicos, me han hecho repescar un viejo artículo a medio escribir para el que nunca encontré hueco.

Y, de repente, el día a día nos hace hace retroceder 44 años y este viejo post adquiere una actualidad y una frescura casi impensable hace tan sólo un año.

Quizás por ser hijo de quien soy, personalmente siempre he sido muy crítico con la ingenuidad burguesa que destila la supuesta Revolución del 68, pero si bien no había arena de playa alguna, bajo los adoquines de nostalgia que empapan todo el asunto, se encontraba un arma arrojadiza que utilizar como punta de lanza en ese cambio de estructura que se viene haciendo tan necesario en estos tiempos de crisis.

Para los Situacionistas, el don debía sustituir al intercambio comercial y la liberación social debía ser total. La sociedad de clases y el capital que organizaban (y siguen organizando) un “reino de la mercancía” debían ser abolidos.

Puede que jamás se haya pensando en una revolución tan total y al mismo tiempo tan accesible: a falta de encontrar soluciones políticas, se necesita al menos sacar el valor de creer en una utopía al alcance de la mano, y terminar con la desgracia histórica.

Aquella actitud contestataria marcó un momento crucial del pasado siglo, que las jóvenes generaciones del siglo XXI hemos olvidado:  Veintitantos años después de la salida de su emblemático libro “La sociedad del espectáculo” (1967), Guy Debord ya constataba poco antes de su muerte, en 1994, que sus temores se habían cumplido: “Es la primera vez en la Europa contemporánea”, escribía, “que ningún partido o fragmento político intenta presumir de que intentará cambiar alguna cosa importante”.

Pero la principal virtud del Situacionismo fue siempre su carácter visionario y es, en palabras del otro ideólogo del movimiento, el belga Raoul Vaneigem, donde encontramos la clave de todo este artículo:

"Lo que está en juego es una reestructuración radical de la sociedad y de una enseñanza que aún no ha descubierto que cada niño, cada adolescente posee en estado bruto la única riqueza del hombre: SU CREATIVIDAD".

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