lunes, 28 de diciembre de 2009

DISCO DE LA SEMANA: Casi Feliz (2009)


El 2009 se nos escurre entre los dedos y una ola de gran pena invade todos esos rincones sueltos que se nos quedan entre turrones, cajeros automáticos y sonrisas profident.

Sabeis de qué hablo.

Una epidemia emocional que se va contagiando silenciosamente sin que nadie se de cuenta, que nos convierte en seres añorosos con tarjeta de crédito y glucosa por las nubes.

No es que echemos en falta a una persona en concreto, ni un lugar en particular, es, simplemente, que nos damos cuenta que otro año pasa.

Y claro, a falta de Tamiflu® para el espíritu, empiezan a brotar espontáneamente y por todos lados, listas (lo mejor, lo peor)y manifiestos de mejora y contrachapado para el próximo año.

Yo, por mi parte, enciendo un cigarrillo con calma, pongo en el ordenador el último regalo que se han sacado de la manga los chicos de Audiomatic, aspiro el humo sin prisas y dejo que Olivia me lleve a Happyland.

A mi alrededor la gente enumera listas sin parar: las 10 mejores canciones, los 10 mejores discos, las 10 mejores películas, los 10 mejores polvos... intentando retener un poquito más todo aquello que nos hizo casi feliz.

Pero claro, el 2010 está ahí.

Aún no le vemos, pero no nos queda ninguna duda de que acecha. Y siguiendo aquellos consejos de la abuela, por los que había que llevar los calzon limpios por si nos atropellaban y tenían que llevarnos al hospital, bosquejamos nuestros propositos para el año nuevo, traicionando así todo lo que fuimos los 365 días anteriores, no vaya que nos coja otra noche vieja con los deberes sin hacer.

Pero sin prisa, ey, que aún quedan 5 días para el día D. Ese 1 de enero mágico, en el que borraremos de un plumazo esa vida de bumerang lanzado, de guion para Almodovar; ese yo al que la cinturilla va quedando estrecha, que fuma, que bebe y que dejó para otra noche ser enigmático y seductor.

Qué de stress ¿no?.

Relajémonos un poco.

Sí, justo ahora que suenan las primeras notas de Happyland, de ese piano sin voz.

Nos hacemos mayores.

Esa es la cuestión.

Hace un segundo que eramos más jóvenes que ahora. Más frágiles. Más buenos. Más almas. Más plenas. Más llenos de sueños más grandes que nosotros.

Ahora tenemos más miedos que antes. Más dudas que nunca. Más ratos. Más lentos. Más lunes. Más menos. Más gente que sabe de nuestro último error.

Y es que estamos haciéndonos mayores.

Pero ahí está el truco de todo esto.

No tengamos miedo a que Bob Dylan tenga razón y acabemos convertidos en piedras rodantes a las que todas las canciones de amor vienen a explotarnos en las manos.

Mirémonos en ese espejo mágico en el que el animal salvaje que nos devuelve la mirada, no tiene miedo a pedir que lo domestiquen.

Seamos realistas y hagamoslo posible.

Pidamos al año nuevo que la cordura vuelva justo antes de que el mundo salga huyendo y agitando los brazos en negación.

Pidamosle que nos deje volver a los bares. A darlo todo en la distancia corta. A tocarnos y a arrepentirnos de lo que decimos. A buscar su mirada. A no apartarla.

A mirar de frente.

A buscar ese polvo mágico. Esa caja de condones. Aquella sonrisa.

A perder el edredón una vez más.

¿Y por qué no? Que permita, este año si, que el amor nos cosa a leches.

De todo esto, y mucho más, habla Olivia de Happyland en su disco debut: Casi Féliz.


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